EL PATITO FEO 

Nurieta González Sebastiá

Ángeles Martín González
angeles@escuelagestalt.es

Una mamá pato tiene patitos, unos huevitos de los que salen unos patitos amarillos muy bonitos, menos uno que es feo. Y así se vive, feo, hasta que un día descubre su reflejo en un estanque y ve reflejado un cisne en todo su esplendor. Un alumno dice del patito feo: “hasta que no se ve él, no lo valoran”. Y una alumna dice al hablar de sí y de su patito: “Yo me fui de una familia a otra, como en el Patito Feo”. 

La humillación y la vergüenza de sentirse feo o fea y poco agraciado tiene en esta historia su máximo exponente. Y muchos niños se han vivido así, comparándose con hermanos más guapos. Y en todas las historias de niños que se sienten inferiores hay fantasías de que la situación se dé la vuelta y acaben brillando más que los que ahora están siendo menos valorados. Esta fantasía se cumple en el cuento y consuela al niño que por alguna razón se siente patito feo. 

Algunos participantes tienen problemas con este trabajo y con cualquiera de los trabajos con cuentos que supongan trabajar con dramatizaciones, sillas vacías, partes diferentes de sí. Aquí exponemos ejemplos de trabajos realizados, pero queremos señalar que el mismo hecho de no poder trabajar los cuentos, de no poder recordar cuentos, o cualquier otra dificultad puede ser examinada, recogida y elaborada.  

Un ejemplo de lo anterior puede suceder con participantes con marcadas defensas disociativas. A estos les cuesta partir de un personaje para construir el opuesto. No saben muy bien quiénes son, tienen problemas con su identidad. Una alumna lo expresa así, “no sé cómo es el patito feo, no sé cómo soy yo y no me salía hacer el cisne por oposición al patito”. Esta dificultad aparece en algún participante de los grupos.  
En personas muy tímidas puede haber dificultad de exponerse. No es necesario hacer sillas vacías o dramatizaciones. No tenemos ninguna necesidad de ir más allá de lo que la persona puede. El simple hecho de leer el cuento en primera persona ya es un estupendo trabajo. 

Igualmente, resulta difícil trabajar con cuentos, cuando en la infancia no ha habido juego, cuando la espontaneidad ha sido aplastada. La persona se puede quedar bloqueada al tener que dejarse llevar espontáneamente en una representación de roles, o en un trabajo corporal, o en alguna otra manifestación, incluyendo las artísticas como arcillas o dibujo o baile. Es necesario respetar siempre estas dificultades y animar al alumno a participar hasta donde le sea posible. Es bueno recordar al grupo que no estamos en una fiesta de disfraces ni tampoco en ningún trabajo competitivo de quién hace mejor esto o lo otro. Un muy pequeño contacto con un lobo feroz o con un patito feo, una frase o un gesto, puede significar años de elaboración para un participante, mientras que otro, dramatizando, representando el papel de manera exagerada puede no obtener nada en absoluto, aunque se divierta y lo pase muy bien. Hacemos estas observaciones porque con frecuencia el ambiente aparente de este trabajo es de disfrute y juego (aunque también haya lágrimas) y las personas a las que cuesta más este tipo de proceso pueden sentirse excluidas. Les recordamos en alguna ocasión que el trabajo es absolutamente serio como lo es la actitud del niño frente al cuento. El niño, además, se divierte muchas veces y nosotros también. 

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